El estadio se llenaba de personas tan rápidamente como era posible. Había dos hombres que tenían prisa y que descendían de escalas paralelas. Ellos eran inconscientes el uno al otro hasta que llegaran a la misma silla. Ellos gruñeron a la misma vez y después, había una pausa profunda.
-Estoy leyendo mi billete y estoy seguro de que te equivocaste – Dijo el otro hombre mientras que parecía una sonrisa suave sobre su cara.
-Vengo cuatros veces cada semana a sentarme aquí, en la silla de lo que soy propietario, durante todo la temporada de béisbol. Mostraremos los billetes al acomodador. – Este
hombre agarró para el mano del otro, donde guardaba el billete pero se cayó y perdió su billete en el suelo. En un estado confundido, su enemigo aprovechó la oportunidad para reponerse los dos billetes. El los cogió a una distancia segura.
-Somos adultos y es ridículo que debamos portarnos de esta manera. Miraré los dos juntos por un minuto y habrá diferencias que probarán quien tiene razón.
-<En tono odioso> - Muy bien. Que viste allí mi amigo. No te preocupes, soy un hombre de la gente y ya te he perdonado.
-Pero, tu billete no tiene la firma oficial que es el único símbolo que importa – Esta vez, el chisto es demasiado cómico incluso por su propietario que se descontroló y se puse a reírse en voz alta.
-Mentiroso, este es porque quisieras verlos, para cambiarlos, pero, en todo caso, voy a llamar inmediatamente a mi amigo, el jefe del equipo de seguridad. Buena suerte en tu próxima vida- De repente, corrieron diez hombres vestidos en policía que acompañaron el mentiroso del estadio.